2 de abril de 2010

Espectro Invernal

I


Sosteniendo un vaso con agua miré por el balcón de mi departamento, la cordillera estaba cubierta de nubes que de un frío gris teñían la ciudad por completa. Ellas solo querían llorar y estaba dispuesto a acompañarlas en su llanto.
Encendí un cigarro y me senté en la baranda, miraba como golpeaban las gotas de agua en mi mano, mientras una lágrima de dolor caía por mi mejilla. Si, sentía dolor, aquella persona que ha consumido mi vida por años seguía clavando fuertemente su daga en mi pecho, pero no quería dejarlo, aunque me obligara a pasar por todo este martirio.
El frío calo por mis huesos y entré a encender la calefacción del lugar, encendí la cafetera y esperé el tiempo necesario hasta que mi café estuviera listo. No dejaba de lado el pensamiento que absorbía mi mente, me ahogaba en un extenso mar de imágenes que iban y venían, palabras que traía y se llevaba el viento, momentos y lugares que volvía a pisar, pero de inmediato volvían a ser parte del pasado. Tomé mi chaqueta y decidí pasear por el centro de la ciudad, en medio de una intensa lluvia, para olvidar todo por un momento. Poca gente caminaba a esa hora por el boulevard de la ciudad.
La antigua hilera de faroles reflejaban sus destellos de luz en el suelo, la gente se animaba a pisar cada charco de agua, los árboles meneaban sus hojas al vaivén del viento y yo, desprotegido del frío y de la lluvia, caminaba atento hacia el frontis de la facultad universitaria. Ya era tarde, estaba empapado y estaba muriendo de frío, pero todo lo que hacía valía la pena. Esperé casi una hora hasta que por el grupo de estudiantes saliera del edificio. Miraba cada rostro, cada silueta que se me hiciera familiar, no aguantaba las ganas de ver por lo menos un momento su tenue sonrisa. Con cada segundo que pasaba aumentaba el sentimiento de desesperación, y se hacía eterno.
En el momento en que la angustia me forjaba a rendirme, levanté la mirada y busqué por ultima vez entre la multitud sin vestigio alguno de aquella persona, di la vuelta y envuelto en lágrimas caminé a casa.


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