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15 de agosto de 2010

Sebastián, son solo sueños...

Mi habitación nuevamente era el escenario de mis sueños, este lugar ya se está haciendo común a pesar de que ya no siento conformidad ni la seguridad que me entregaba hace un tiempo atrás.
Estaba yo ahí, recostado en mi cama. Lágrimas empapaban mi almohada y yo solo miraba hacia un punto fijo, un punto que se extendía hasta el infinito. La parte superior de mi cuerpo estaba desnuda, sentía mucho frío, pero no me importaba nada en ese momento. Me llamó la  atención ver sobre el velador un paquete de Skittles abierto y otros dos, creo, vacíos. Además de un vaso de agua entre estas bolsas vacías. Tomé un puñado de estos dulces y me los eché a la boca, estaban amargos. Tomé el vaso con agua y bebí. Luego de eso, creció el caudal de las lágrimas, mis ojos se enrojecieron aun más y el frío se hizo más intenso.
Estaba hundido, mi corazón estaba siendo corroído por una extraña fuerza psicológica. De repente una extraña sensación de calor comenzó a pintar mi espalda. No pude moverme hasta que unos brazos, un cuerpo que no sentí extraño me atrapó, Ronald estaba conmigo otra vez, sabía que era él, pero no podía verlo. 
Las lágrimas cesaron, y la sonrisa volvió a mi rostro. Estaba conmigo otra vez. 
Desperté, muerto de frío.

21 de julio de 2010

Sebastián, son solo sueños...

Día uno:
Caminando por el conocido parque de la rivera del río, estábamos tú y yo. Era ya tarde, el sol apenas calentaba nuestras espaldas y la bruma vespertina comenzaba ya a atenuar los múltiples paisajes capitalinos. No decíamos ni una palabra, solo caminábamos a una distancia... mínima, y en cosa de segundos te detuviste y alcanzaste mi mano para detenerme. Con un impulso me aproximaste a ti, la luz del sol golpeaba nuestros perfiles, y una imagen a contra luz hizo 'ver' un lento acercamiento de nuestros rostros. Besaste mis labios, con un notorio nerviosismo, timidez. Al ver que todo se estaba dando de manera armónica, tomamos confianza.
Al concluir aquella situación posé mi cabeza sobre tu pecho y al oído, con ternura, dijiste: Te amo.


Día dos:
Mismo lugar, misma sensación, misma situación. Esta vez terminaste diciendo: No va a ser fácil.


Es algo raro todo esto. Me da la impresión de que todo está bien, de que todo es como yo quiero, pero no.
Recuerda, Sebastián. Solo son sueños.

15 de junio de 2010

Sebastián, son solo sueños...

Llegaban imágenes de un pequeño cuarto, oscuro y frío, con una pequeña repisa en la muralla que daba a la cabecera de la cama, a mis ojos. Todo se veía gris, solo podía notar los matices generados por las sombras, ya que una ampolleta iluminaba desde el techo la habitación.
De pronto me vi ahí, sentado en la cama y con un notorio comportamiento nervioso. Se abrió la puerta, era él. Otra vez apareciéndose en mis sueños... Al sentarse a mi lado, mi respiración comenzó a calmarse, ya me sentía en confianza, ya no sentía miedo. 
Él no me miraba, tampoco me hablaba, ni se movía. Todo era raro... hasta que salió la primera palabra desde su boca, y seguía sin mirarme.


-Acepta que me amas. Él decía
-No. Yo respondía fríamente.
-Acéptalo, tú me amas.
-No! No te amo...

Él tomó mis manos y miró mis ojos, me dijo: "Yo sé que tu me amas..."
Lentamente acercó su rostro, y como siempre lo hace en sueños de este tipo, rozó sus labios contra los míos... suavemente, con la pasión que solo él me entrega. No mentiré, lo disfruté. Hace mucho tiempo que no soñaba con él.
En el momento en el que me sentía sumergido en su mirada todo acabó, como de costumbre. Sin soltar mis manos volvió a hablar.
-¿Me amas? ...Porque yo sí te amo... Dijo lentamente.
-Sí, te amo. Respondí con un nudo en la garganta.
Volvió a besarme, con sus brazos me aferró a él, no quería dejarme ir... Yo no tenía ganas de irme, al fin estaba sintiendo esa calidez que tanto extrañaba, al fin estaba sintiendo el aroma que me atrapa y paraliza instantáneamente. Al fin estaba sintiéndote, pero todo acabó. Todo acabó cuando decidiste soltarme, cuando te levantaste de la cama y cuando me dijiste: "Buenas noches, amor". 
Cruzaste la puerta y nuevamente me encontraba ahí, solo, mirando mis manos... vacías.