15 de agosto de 2010

Sebastián, son solo sueños...

Mi habitación nuevamente era el escenario de mis sueños, este lugar ya se está haciendo común a pesar de que ya no siento conformidad ni la seguridad que me entregaba hace un tiempo atrás.
Estaba yo ahí, recostado en mi cama. Lágrimas empapaban mi almohada y yo solo miraba hacia un punto fijo, un punto que se extendía hasta el infinito. La parte superior de mi cuerpo estaba desnuda, sentía mucho frío, pero no me importaba nada en ese momento. Me llamó la  atención ver sobre el velador un paquete de Skittles abierto y otros dos, creo, vacíos. Además de un vaso de agua entre estas bolsas vacías. Tomé un puñado de estos dulces y me los eché a la boca, estaban amargos. Tomé el vaso con agua y bebí. Luego de eso, creció el caudal de las lágrimas, mis ojos se enrojecieron aun más y el frío se hizo más intenso.
Estaba hundido, mi corazón estaba siendo corroído por una extraña fuerza psicológica. De repente una extraña sensación de calor comenzó a pintar mi espalda. No pude moverme hasta que unos brazos, un cuerpo que no sentí extraño me atrapó, Ronald estaba conmigo otra vez, sabía que era él, pero no podía verlo. 
Las lágrimas cesaron, y la sonrisa volvió a mi rostro. Estaba conmigo otra vez. 
Desperté, muerto de frío.

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