V
Esa mañana mi madre entró a mi habitación para que desayunara. No había dormido nada y tenia los ojos hinchados por el llanto. Mis padres se alistaban para nuestro regreso y mis hermanos ordenaban sus cosas en sus bolsos. Eso me lleno de nostalgia, yo quería quedarme para siempre, ya sentía como mi hogar nuestra cabaña.
Me senté bajo el árbol del jardín, con un puñado de arena contaba los montones de recuerdos que me llevaba a casa de cada uno de los días que pase allí. No estaba tranquilo, a pesar de que la noche pasada me había despedido de Felipe, dejaba muchas cosas inconclusas que debía resolver en el menor tiempo posible. Avisé a mi mamá que iba a bajar a comprar unas cosas para el viaje y bajé hasta el centro, entré a la galería donde trabajan los padres de Felipe y pregunté a su madre donde podía encontrarlo. Ella creo una especie de mapa imaginario con el dedo, pero lo entendí fácilmente. Corrí siguiendo la ruta de su madre y llegue a la galería donde esa noche estaba Camila. Llegué hasta el ultimo puesto donde había un tipo sentado en una silla.
-¿Te querí perforar hermano? – Dijo
-¡No! – Respondí acelerado.
-Calmao si viene a hablar conmigo. – Dijo Felipe desde adentro.
Él me tomo de la mano y sin decir más palabras me llevó corriendo por los pasillos de la galería. Llegamos al pasaje final y bajamos corriendo las escaleras. Llegamos a una especie de callejón. Era un lugar oscuro y frío, sentí miedo.
-No te vayas – Dijo cansado.
-No puedo hacer nada.
Pasaron 5 minutos en que me tuvo entre sus brazos, miró a mis ojos y con su mano tiró el cuello de mi polera, cosa que me intimidó demasiado. Sacó la navaja que llevaba colgada desde esa mañana, tomó una piedra del suelo y rayó un corazón en ella.
-No te olvides de mí. – Con sus ojos llenos de lagrimas, decía.
-Nunca. – Respondí.
Y volvimos a abrazarnos, nos besamos un buen rato y volvimos al lugar de las perforaciones. Allí estaba Camila conversando con el tipo del puesto y aproveché el momento para despedirme de ella con un gran abrazo, ella corrió unos puestos más allá y trajo un póster de Alesana y un parche de The Devil Wears Prada.
-No sabía que podía darte, pero es para que te acuerdes de mí. – Tiernamente dijo.
-Daba igual. De todas formas me iba a acordar de ti. – Le dije.
-¿Ya vamos? – Pregunto Felipe dirigiéndose a Camila
-Ya
Me acompañaron hasta la salida de la galería, abrasé nuevamente a Cami para despedirme y agradecerle. Felipe me abrazó y al oído me dijo “Te quiero”, me besó y las lágrimas otra vez se hacían presente en la situación. Di unos pasos atrás y soltó mi mano, Camila se despedía también en lágrimas abrazada de Felipe y di la vuelta. No podía dejar de llorar hasta que llegue a la puerta de la casa, tomé un poco de aire y sequé mis lágrimas, golpeé la puerta y ya estaban todos listos mirando televisión.
-¿Te andabas despidiendo? – Preguntó mi papá.
-Si, estoy listo.
-Lo siento pero hay que volver a la realidad. – Dijo mi mamá.
Nos subimos al auto y nos marchamos. Solo miraba por la ventana y contenía el llanto, mirando el horizonte y las olas que reventaban en la orilla.
-Ya chiquillos…
-Miren con última vez el mar porque voy a tomar la carretera. – Dijo mi papá.
-Chao playita… - Decía mi mamá tratando de animar la situación.
Un mar de lágrimas se vino encima nuevamente. Miles de imágenes colapsaban mi cerebro mientras miraba el Sol rozaba el mar. Abrí la ventana del auto y respire por última vez la fría brisa marina. Tomé mi lápiz y un pedazo de “toalla nova” para escribir:
“Adiós a aquellas frías mañanas oscuras, en las cuales la espesa brisa matinal de la costa golpeaba mi rostro. Adiós a esas largas esperas a la orilla del mar en donde me maravillaba de los hermosos colores que nos obsequiaba el crepúsculo en el lento descenso solar. Adiós a esas inolvidables noches en las que la Luna se reflejaba en el mar, donde la sinfonía de las olas fuertemente reventando en la arena cautivaban mi alma y dejaba abierta las puertas a nuevas amistades. Adiós a aquella persona que volvió especiales mis días, que quise como amigo, que raramente llego hasta el fondo de mi corazón y que la magia estival secretamente lo convirtió en mi primer amor de verano.”
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3 de marzo de 2010
2 de marzo de 2010
Memorias de Verano.
IV
Esa noche, como ya de costumbre, bajaba a la playa. Mientras caminaba camino a la playa por calles horriblemente empinadas, pensaba y contaba los días que ya habían pasado.
-¿Mi última noche? – Dije en voz alta.
Mis ojos se llenaban de lágrimas al llegar al centro de la pequeña localidad, asimilaba que este era el último martes de febrero, y que para muchas personas sus vacaciones terminaban, como a mí. Unas incontrolables ganas de llorar sentía en ese instante, quería a Felipe y a Camila conmigo, así que corrí a la playa, pero no había nadie. Volví al centro y en la plaza central del pueblo me senté, saque mis audífonos y trate de relajarme con música. Acción que no obtuvo el resultado esperado.
Otra vez me veía hundido en “Mi Mundo” lleno de desesperación, histeria y lágrimas pero no quería estar ahí, me dolía mucho permanecer ahí. Tomé mis cosas, mi celular marcaba las 00:02 de la mañana, y decidí cruzar la avenida principal. Unos pasos más allá había una galería muy concurrida pero no tuve las ganas de entrar, así que nuevamente me senté en una banca que estaba bajo un árbol a la salida de la galería. Miré al suelo y me alejaba de la realidad contando zapatos que cruzaban de un lado a otro. Pero algo me detuvo y me trajo de vuelta a mi lugar.
-¿Seba?, ¡Seba! – Repetía Cami con su dulce voz.
-¿Qué pasa?
-Nada – Respondí, y las lágrimas volvieron a estar presentarse en el juego.
-Solo… Quería verte.
-Aquí estoy amigo, tranquilo.
-El Depre anda por ahí weando con los “hardcores”.
-Anda con el para que te distraigas, vas a cachar de una donde esta. – Decía con humor.
-No, mejor me quedo aquí. – Dije, evitando lo que mi mente quería.
-Anda weon o te llevo. – Decía ella riéndose y animándome.
Ella corrió por la galería y yo me quede ahí, solo y sin saber que hacer. En realidad yo sabía lo que quería, pero no pude moverme.
-¡Seba! – Escuche la voz de Cami.
-¡Ya po! – Desde el otro extremo del pasaje gritaba.
Caminé lentamente hasta la última esquina, caminé hacia la derecha y lo primero que vi fue a unos chicos reunidos. Cami estaba con ellos.
-¡Seba!, ¡Seba! – Escuché nuevamente.
Un tipo salió del tumulto de gente, corriendo venia hacia mí… Era Felipe.
-Seba, ¿Qué onda?, ¿Qué te paso? – Decía Felipe asustado.
-Nada, ¿Por qué?
-Mira como estas. Ayer no te veías así. ¿Estas enfermo?
-No, no me pasa nada.
Se volvió al grupo de chicos y volvió enseguida. Me tomó la mano y caminamos por la galería. Él me decía que trató de ubicarme por teléfono y que lo pidió a Camila, pero ella tampoco lo tenía, de inmediato se lo di y lo marcó dejando un registro del suyo en mi celular.
Mientras caminábamos note que el tenia un destino claro. Llegamos a un puesto de artesanías típicas de la zona, habían dos personas ahí, un matrimonio.
-¿Préstame plata? – Dijo Felipe
Y mientras la señora contaba dinero Felipe me presentaba con ellos.
-Son mis papás, trabajan aquí en la noche.
-Papá, mamá. El es el Seba, es un amigo.
-Hola mijto. – Dijo ella con una sonrisa en la cara.
-Hola – Respondí sin saber que hacer.
Felipe recibió el dinero y caminamos hasta la salida.
-¿Comamos helado? – Pregunto.
-Bueno. – Conteste.
-¿Pero me vas a cambiar la carita? – Decía con esa ternura que llenaba mi alma.
Saco el pelo de mis ojos con el dedo y me tomo las manos. Su mirada chocaba con la mía, mi corazón golpeaba mi pecho. El me abrazo fuertemente, ya me sentía mucho mejor y juntos caminamos hasta una heladería. Me regalo un helado y nos fuimos a la playa. Mientras yo comía el llamo mi atención tocándome con el dedo el hombro, mire y me pego con su helado en la boca.
-Puta la wea. – Dije riéndome y con el mió hice lo mismo.
-Ya weon. – Decía entre risas.
-Ahora limpia po.
-¿Quién empezó? – Dije riéndome.
El se acerco y me beso pero quedo un resto que termine de limpiarlo yo. Hice lo mismo pero el se aprovecho de la situación y prolongo el beso. Después de eso seguimos conversando y pregunte:
-¿Por qué tus papas trabajan en sus vacaciones?
-Para ganar un poco mas de plata. – Respondió.
-¿Y por cuanto vinieron a la playa?
-Nosotros vivimos y trabajamos aquí, empezamos como en Noviembre y terminamos como a mediados de Marzo porque ya no anda nadie.
-La Camila también es de más allá, pero trabaja aquí también.
-Aah…
El se acerco para besarme otra vez, pero corri la cara porque necesitaba decirle algo. Necesitaba decirle que esta era mi ultima noche aquí y que mañana por la tarde volvería a Santiago
-¿Qué pasa? – Pregunto extrañado.
-Me voy mañana en la tarde, esta es la última noche que estoy aquí.
-Puta… Sabía que tenías que irte pero no pensé que seria tan pronto. – Dijo apenado.
Tome su mano y apoye mi cabeza en su hombro, corrían lagrimas por mi rostro. Felipe se quedo en silencio, me extraño de el. Me levante y lo vi llorando. Saque las lagrimas de sus mejillas y lo bese.
-Todavía estoy aquí, no me he ido. – Dije para que se animara un poco.
-Fue lindo. – Dijo sin parar de llorar.
-Te quiero, gracias por darme todo esto. – Dije con un nudo en la garganta
Nos tiramos a la arena, y me hizo cosquillas. Yo comencé a pegarle patadas y el siguió pegándome combos y patadas. En un lío de golpes y risas caí a la arena. El apresurado se agacho y me pidió disculpas por lo brusco que había sido. Me burle de el, riéndome de las tonteras que me había dicho mientras me golpeaba, puso su mano tapándome la boca hasta que me calle y comenzó a besarme. Fue la noche mas larga de mi vida. Los segundos se hacían minutos, los minutos horas y las horas una eternidad.
Comenzó a hacer frió, mire la hora en mi teléfono. Eran las 5 de la mañana y yo no había llegado aun a casa. Me sacudí la arena que tenia en el pelo y en la ropa para marcharme. Cuando estaba listo el me detuvo, abrió su polerón y de su cuello saco un collar, tenia una navaja y la puso en mi mano. No tenia filo, así que la enrede en mi muñeca de inmediato.
-Quizás mañana no pueda verte antes de irte. – Dijo
-Tengo que trabajar.
-No importa creo que ya nos dimos una despedida.
-Mi amor… Te amo. Se que suena raro porque te conozco hace 3 días, pero siento que te conozco de años. No había encontrado a alguien así como tú. – Dijo apenado.
-Yo también te amo.
Me dio un largo abrazo, posterior a eso un beso y me marche a casa. La soledad de la noche me acompaño hasta la puerta de mi casa. Al estar en mi cama abrasé mi almohada y desate el llanto desconsolado que me había evitado.
Esa noche, como ya de costumbre, bajaba a la playa. Mientras caminaba camino a la playa por calles horriblemente empinadas, pensaba y contaba los días que ya habían pasado.
-¿Mi última noche? – Dije en voz alta.
Mis ojos se llenaban de lágrimas al llegar al centro de la pequeña localidad, asimilaba que este era el último martes de febrero, y que para muchas personas sus vacaciones terminaban, como a mí. Unas incontrolables ganas de llorar sentía en ese instante, quería a Felipe y a Camila conmigo, así que corrí a la playa, pero no había nadie. Volví al centro y en la plaza central del pueblo me senté, saque mis audífonos y trate de relajarme con música. Acción que no obtuvo el resultado esperado.
Otra vez me veía hundido en “Mi Mundo” lleno de desesperación, histeria y lágrimas pero no quería estar ahí, me dolía mucho permanecer ahí. Tomé mis cosas, mi celular marcaba las 00:02 de la mañana, y decidí cruzar la avenida principal. Unos pasos más allá había una galería muy concurrida pero no tuve las ganas de entrar, así que nuevamente me senté en una banca que estaba bajo un árbol a la salida de la galería. Miré al suelo y me alejaba de la realidad contando zapatos que cruzaban de un lado a otro. Pero algo me detuvo y me trajo de vuelta a mi lugar.
-¿Seba?, ¡Seba! – Repetía Cami con su dulce voz.
-¿Qué pasa?
-Nada – Respondí, y las lágrimas volvieron a estar presentarse en el juego.
-Solo… Quería verte.
-Aquí estoy amigo, tranquilo.
-El Depre anda por ahí weando con los “hardcores”.
-Anda con el para que te distraigas, vas a cachar de una donde esta. – Decía con humor.
-No, mejor me quedo aquí. – Dije, evitando lo que mi mente quería.
-Anda weon o te llevo. – Decía ella riéndose y animándome.
Ella corrió por la galería y yo me quede ahí, solo y sin saber que hacer. En realidad yo sabía lo que quería, pero no pude moverme.
-¡Seba! – Escuche la voz de Cami.
-¡Ya po! – Desde el otro extremo del pasaje gritaba.
Caminé lentamente hasta la última esquina, caminé hacia la derecha y lo primero que vi fue a unos chicos reunidos. Cami estaba con ellos.
-¡Seba!, ¡Seba! – Escuché nuevamente.
Un tipo salió del tumulto de gente, corriendo venia hacia mí… Era Felipe.
-Seba, ¿Qué onda?, ¿Qué te paso? – Decía Felipe asustado.
-Nada, ¿Por qué?
-Mira como estas. Ayer no te veías así. ¿Estas enfermo?
-No, no me pasa nada.
Se volvió al grupo de chicos y volvió enseguida. Me tomó la mano y caminamos por la galería. Él me decía que trató de ubicarme por teléfono y que lo pidió a Camila, pero ella tampoco lo tenía, de inmediato se lo di y lo marcó dejando un registro del suyo en mi celular.
Mientras caminábamos note que el tenia un destino claro. Llegamos a un puesto de artesanías típicas de la zona, habían dos personas ahí, un matrimonio.
-¿Préstame plata? – Dijo Felipe
Y mientras la señora contaba dinero Felipe me presentaba con ellos.
-Son mis papás, trabajan aquí en la noche.
-Papá, mamá. El es el Seba, es un amigo.
-Hola mijto. – Dijo ella con una sonrisa en la cara.
-Hola – Respondí sin saber que hacer.
Felipe recibió el dinero y caminamos hasta la salida.
-¿Comamos helado? – Pregunto.
-Bueno. – Conteste.
-¿Pero me vas a cambiar la carita? – Decía con esa ternura que llenaba mi alma.
Saco el pelo de mis ojos con el dedo y me tomo las manos. Su mirada chocaba con la mía, mi corazón golpeaba mi pecho. El me abrazo fuertemente, ya me sentía mucho mejor y juntos caminamos hasta una heladería. Me regalo un helado y nos fuimos a la playa. Mientras yo comía el llamo mi atención tocándome con el dedo el hombro, mire y me pego con su helado en la boca.
-Puta la wea. – Dije riéndome y con el mió hice lo mismo.
-Ya weon. – Decía entre risas.
-Ahora limpia po.
-¿Quién empezó? – Dije riéndome.
El se acerco y me beso pero quedo un resto que termine de limpiarlo yo. Hice lo mismo pero el se aprovecho de la situación y prolongo el beso. Después de eso seguimos conversando y pregunte:
-¿Por qué tus papas trabajan en sus vacaciones?
-Para ganar un poco mas de plata. – Respondió.
-¿Y por cuanto vinieron a la playa?
-Nosotros vivimos y trabajamos aquí, empezamos como en Noviembre y terminamos como a mediados de Marzo porque ya no anda nadie.
-La Camila también es de más allá, pero trabaja aquí también.
-Aah…
El se acerco para besarme otra vez, pero corri la cara porque necesitaba decirle algo. Necesitaba decirle que esta era mi ultima noche aquí y que mañana por la tarde volvería a Santiago
-¿Qué pasa? – Pregunto extrañado.
-Me voy mañana en la tarde, esta es la última noche que estoy aquí.
-Puta… Sabía que tenías que irte pero no pensé que seria tan pronto. – Dijo apenado.
Tome su mano y apoye mi cabeza en su hombro, corrían lagrimas por mi rostro. Felipe se quedo en silencio, me extraño de el. Me levante y lo vi llorando. Saque las lagrimas de sus mejillas y lo bese.
-Todavía estoy aquí, no me he ido. – Dije para que se animara un poco.
-Fue lindo. – Dijo sin parar de llorar.
-Te quiero, gracias por darme todo esto. – Dije con un nudo en la garganta
Nos tiramos a la arena, y me hizo cosquillas. Yo comencé a pegarle patadas y el siguió pegándome combos y patadas. En un lío de golpes y risas caí a la arena. El apresurado se agacho y me pidió disculpas por lo brusco que había sido. Me burle de el, riéndome de las tonteras que me había dicho mientras me golpeaba, puso su mano tapándome la boca hasta que me calle y comenzó a besarme. Fue la noche mas larga de mi vida. Los segundos se hacían minutos, los minutos horas y las horas una eternidad.
Comenzó a hacer frió, mire la hora en mi teléfono. Eran las 5 de la mañana y yo no había llegado aun a casa. Me sacudí la arena que tenia en el pelo y en la ropa para marcharme. Cuando estaba listo el me detuvo, abrió su polerón y de su cuello saco un collar, tenia una navaja y la puso en mi mano. No tenia filo, así que la enrede en mi muñeca de inmediato.
-Quizás mañana no pueda verte antes de irte. – Dijo
-Tengo que trabajar.
-No importa creo que ya nos dimos una despedida.
-Mi amor… Te amo. Se que suena raro porque te conozco hace 3 días, pero siento que te conozco de años. No había encontrado a alguien así como tú. – Dijo apenado.
-Yo también te amo.
Me dio un largo abrazo, posterior a eso un beso y me marche a casa. La soledad de la noche me acompaño hasta la puerta de mi casa. Al estar en mi cama abrasé mi almohada y desate el llanto desconsolado que me había evitado.
26 de febrero de 2010
Memorias de Verano.
III
La otra noche, salí con mi familia que estaba a la espera del Festival de Viña del Mar, era temprano aún. Volviendo a casa vi a Camila sentada en la banca de una plaza, sola. Caminé hacia ella y escuché su llanto, al acercarme noté que de su brazo fluía sangre y con la otra mano sostenía el arma con la que atento a si misma, vidrio roto.
-¡Cami! ¿Qué paso? – Dije asustado.
-Estoy sola…
-Mis padres me odian, mis amigos me odian…
-Terminé con mi pololo…
-Era la persona a la que le creí cuando me decía que me amaba. – Dijo entre lágrimas.
No supe que decir, pero le di un abrazo, para mí pueden significar mas de mil palabras. Sequé sus lágrimas y luego apoyó su cabeza en mi hombro. Ya un poco mas tranquila sacó de su bolsillo su celular.
-Llama al Depre. – Dijo.
-¿Para qué? – Pregunté nervioso.
-Para que venga po. – Respondió
Busque: Depre y lo llame.
-¡Cami! – Contestando la llamada.
-Soy el Seba… Oye, ¿Por qué no vienes? Estamos en la plaza al frente de la playa.
-Y… ¿Por qué tienes su teléfono? ¿Estas con ella? – Preguntó
-Sí.
-¿Y Por que están ahí? – Exaltado seguía con sus interrogantes.
-Ya, chao. Voy. – Luego de eso, colgó.
Me pareció raro, su voz, estaba como enojado. Tenía un tono de voz muy cortante, no se me había dado la oportunidad de verlo enojado aún, así que no sabía que pasaba realmente.
Memoricé su número de teléfono y lo guardé en mi celular. No sabía porque lo hacía, y en menos de un segundo pasaron mil imágenes por mi cabeza de la noche pasada en el muelle, pero un mensaje llegó a mi celular y empeoró el panorama. Me avisaban del fallecimiento de una persona muy importante para una amiga en Santiago. Estaba demasiado lejos, no podía hacer nada. Solo quería volver para estar con ella y darle todo mi apoyo en ese difícil momento. Me sentía muy mal.
Al rato llegó Felipe separándome de los brazos de Cami con enojo. Me miró y no me dijo nada, pero su mirada me clavaba el corazón. Yo me quedé en silencio.
-¿Qué wea le hiciste, weon? – Dijo enojado.
-Nada weon. – Dijo Camila nuevamente en lágrimas.
-¿Qué paso Cami? – Dirigiéndose a ella.
-El Franco, el weon me patio heavy, tenia otra mina. – Llorando.
-Puta la wea, te dije que ese culiao era asi de maricon. – Dijo enfurecido.
-Déjenme sola… - Dijo tranquilamente.
-No, no puedes quedarte sola. – Dijo Felipe
-Dejémosla sola, ella lo pide. – Dije entrometiéndome en la conversación.
-De un principio supe que el Seba pensaba como yo. – Dijo Camila sonriéndome.
Felipe y yo nos marchamos a la playa, sin decirnos nada, ni siquiera nos vimos las caras. Él se detuvo y se sentó en la arena a unos metros del mar, me senté al lado de él, temeroso, pero ni una palabra salía de nuestras bocas, pero el tomó la iniciativa.
-¿Puedo darte un beso?
-No sé – Respondí impactado.
-¿Por qué? ¿De donde viene todo esto?
-Porque me gustas, desde que te escuche hablar. – Respondió.
-Por eso me senté a tu lado ese día. – Agregó.
Mi corazón estaba a punto de ceder a su trabajo, mi respiración aceleraba cada vez más. No resistí a la presión y me acerque a su cara y lo mire a los ojos. Mi propósito era uno, pero solo concrete besándolo en la mejilla.
-¿Porque hiciste eso? – Preguntó extrañado.
-Tú eres hétero, me dijiste que lo eras.
-Te gustan las minas y te comiste a la Cami
-Te ví haciéndolo.- Dijo molesto.
-¿Entonces pa que cresta me pides un beso? ¿Me estas weando cierto?
-Siempre caigo en el mismo juego. – Dije con rabia.
-¡Ándate a la mierda, weon! – Agregué a voz alzada.
-No hice nada con ella. La ví llorando y estuve con ella todo ese rato.
-Solo la abrazaba, yo no podía hacer nada mas.
-Ella me escuchó y me tocó a mi escucharla. Lo necesitaba
-Esa wea paso, ¿Feliz? – Dije con mucha rabia.
Me quede ahí, no quise salir de ahí, pero di la vuelta, dándola la espalda. Me agarró con fuerza el brazo derecho, sentí dolor, pero no me queje. Di la vuelta y dijo:
-¡Acéptalo, weon! Yo te gusto… Tu cara, tus ojos lo dicen. – Gritando en mi cara.
-Puta la wea que más me carga en las personas es el egocentrismo. – Le dije
Se acercó un poco mas y puso su mano encima de la mía, de la misma forma en que lo hizo la primera vez.
-Olvidémoslo todo y empecemos de nuevo. – Dijo tiernamente
Me miró a la cara y con su dedo saco el pelo de mis ojos. Nervioso quité su capucha de la cabeza, la sombra en sus ojos me llamó mucho la atención. Sin decirnos nada nos acercamos. Rozamos nuestros labios, como en la primera vez.
-Como en el muelle, ¿Cierto? – Dijo con su ternura.
-Me gustó, pero no pude hacerlo. – Respondí.
Sus manos desde la arena de la playa comenzaron a recorrer mi espalda y no esperamos mas, nos besamos. Sus ojos reflejando la luz de la ciudad me encandilaban, sus manos, enredadas en las mías me hacían sentir seguro, su forma de besar… Me mató lentamente.
-Miren los weones. – Dijo Camila con su dulce voz.
-Parece que la están pasando bien. – Riéndose.
Ella se sentó entre nosotros y le contamos con humor lo que había sucedido. Al parecer ella se sentía mucho mejor.
Eran las 4:34 de la mañana cuando decidí que era hora de marcharme a casa. Me despedí de Camila con un abrazo y unas palabras de aliento, a Felipe solo le dije “Chao” y le di la mano. Me di la vuelta. Solo alcancé a dar un par de pasos cuando sentí que alguien cruzaba sus brazos por mi cintura y me abrazaba.
-Y ahora te da vergüenza, weon. – Me dijo al oído.
Volteé y me beso nuevamente.
-Duerme bien. – Dijo con esa ternura que calaba hasta mis huesos más pequeños.
-Te quiero, de veritas.
Avergonzado y sin palabras me marche. Camino a casa cayeron unas cuantas lágrimas, sin razón alguna.
La otra noche, salí con mi familia que estaba a la espera del Festival de Viña del Mar, era temprano aún. Volviendo a casa vi a Camila sentada en la banca de una plaza, sola. Caminé hacia ella y escuché su llanto, al acercarme noté que de su brazo fluía sangre y con la otra mano sostenía el arma con la que atento a si misma, vidrio roto.
-¡Cami! ¿Qué paso? – Dije asustado.
-Estoy sola…
-Mis padres me odian, mis amigos me odian…
-Terminé con mi pololo…
-Era la persona a la que le creí cuando me decía que me amaba. – Dijo entre lágrimas.
No supe que decir, pero le di un abrazo, para mí pueden significar mas de mil palabras. Sequé sus lágrimas y luego apoyó su cabeza en mi hombro. Ya un poco mas tranquila sacó de su bolsillo su celular.
-Llama al Depre. – Dijo.
-¿Para qué? – Pregunté nervioso.
-Para que venga po. – Respondió
Busque: Depre y lo llame.
-¡Cami! – Contestando la llamada.
-Soy el Seba… Oye, ¿Por qué no vienes? Estamos en la plaza al frente de la playa.
-Y… ¿Por qué tienes su teléfono? ¿Estas con ella? – Preguntó
-Sí.
-¿Y Por que están ahí? – Exaltado seguía con sus interrogantes.
-Ya, chao. Voy. – Luego de eso, colgó.
Me pareció raro, su voz, estaba como enojado. Tenía un tono de voz muy cortante, no se me había dado la oportunidad de verlo enojado aún, así que no sabía que pasaba realmente.
Memoricé su número de teléfono y lo guardé en mi celular. No sabía porque lo hacía, y en menos de un segundo pasaron mil imágenes por mi cabeza de la noche pasada en el muelle, pero un mensaje llegó a mi celular y empeoró el panorama. Me avisaban del fallecimiento de una persona muy importante para una amiga en Santiago. Estaba demasiado lejos, no podía hacer nada. Solo quería volver para estar con ella y darle todo mi apoyo en ese difícil momento. Me sentía muy mal.
Al rato llegó Felipe separándome de los brazos de Cami con enojo. Me miró y no me dijo nada, pero su mirada me clavaba el corazón. Yo me quedé en silencio.
-¿Qué wea le hiciste, weon? – Dijo enojado.
-Nada weon. – Dijo Camila nuevamente en lágrimas.
-¿Qué paso Cami? – Dirigiéndose a ella.
-El Franco, el weon me patio heavy, tenia otra mina. – Llorando.
-Puta la wea, te dije que ese culiao era asi de maricon. – Dijo enfurecido.
-Déjenme sola… - Dijo tranquilamente.
-No, no puedes quedarte sola. – Dijo Felipe
-Dejémosla sola, ella lo pide. – Dije entrometiéndome en la conversación.
-De un principio supe que el Seba pensaba como yo. – Dijo Camila sonriéndome.
Felipe y yo nos marchamos a la playa, sin decirnos nada, ni siquiera nos vimos las caras. Él se detuvo y se sentó en la arena a unos metros del mar, me senté al lado de él, temeroso, pero ni una palabra salía de nuestras bocas, pero el tomó la iniciativa.
-¿Puedo darte un beso?
-No sé – Respondí impactado.
-¿Por qué? ¿De donde viene todo esto?
-Porque me gustas, desde que te escuche hablar. – Respondió.
-Por eso me senté a tu lado ese día. – Agregó.
Mi corazón estaba a punto de ceder a su trabajo, mi respiración aceleraba cada vez más. No resistí a la presión y me acerque a su cara y lo mire a los ojos. Mi propósito era uno, pero solo concrete besándolo en la mejilla.
-¿Porque hiciste eso? – Preguntó extrañado.
-Tú eres hétero, me dijiste que lo eras.
-Te gustan las minas y te comiste a la Cami
-Te ví haciéndolo.- Dijo molesto.
-¿Entonces pa que cresta me pides un beso? ¿Me estas weando cierto?
-Siempre caigo en el mismo juego. – Dije con rabia.
-¡Ándate a la mierda, weon! – Agregué a voz alzada.
-No hice nada con ella. La ví llorando y estuve con ella todo ese rato.
-Solo la abrazaba, yo no podía hacer nada mas.
-Ella me escuchó y me tocó a mi escucharla. Lo necesitaba
-Esa wea paso, ¿Feliz? – Dije con mucha rabia.
Me quede ahí, no quise salir de ahí, pero di la vuelta, dándola la espalda. Me agarró con fuerza el brazo derecho, sentí dolor, pero no me queje. Di la vuelta y dijo:
-¡Acéptalo, weon! Yo te gusto… Tu cara, tus ojos lo dicen. – Gritando en mi cara.
-Puta la wea que más me carga en las personas es el egocentrismo. – Le dije
Se acercó un poco mas y puso su mano encima de la mía, de la misma forma en que lo hizo la primera vez.
-Olvidémoslo todo y empecemos de nuevo. – Dijo tiernamente
Me miró a la cara y con su dedo saco el pelo de mis ojos. Nervioso quité su capucha de la cabeza, la sombra en sus ojos me llamó mucho la atención. Sin decirnos nada nos acercamos. Rozamos nuestros labios, como en la primera vez.
-Como en el muelle, ¿Cierto? – Dijo con su ternura.
-Me gustó, pero no pude hacerlo. – Respondí.
Sus manos desde la arena de la playa comenzaron a recorrer mi espalda y no esperamos mas, nos besamos. Sus ojos reflejando la luz de la ciudad me encandilaban, sus manos, enredadas en las mías me hacían sentir seguro, su forma de besar… Me mató lentamente.
-Miren los weones. – Dijo Camila con su dulce voz.
-Parece que la están pasando bien. – Riéndose.
Ella se sentó entre nosotros y le contamos con humor lo que había sucedido. Al parecer ella se sentía mucho mejor.
Eran las 4:34 de la mañana cuando decidí que era hora de marcharme a casa. Me despedí de Camila con un abrazo y unas palabras de aliento, a Felipe solo le dije “Chao” y le di la mano. Me di la vuelta. Solo alcancé a dar un par de pasos cuando sentí que alguien cruzaba sus brazos por mi cintura y me abrazaba.
-Y ahora te da vergüenza, weon. – Me dijo al oído.
Volteé y me beso nuevamente.
-Duerme bien. – Dijo con esa ternura que calaba hasta mis huesos más pequeños.
-Te quiero, de veritas.
Avergonzado y sin palabras me marche. Camino a casa cayeron unas cuantas lágrimas, sin razón alguna.
25 de febrero de 2010
Memorias de Verano.
II
A la noche siguiente volví a la playa, los chicos estaban ahí como lo habíamos acordado, esa noche era de despedidas. Aunque conocí a los chicos hace una noche atrás sentía mucho afecto por ellos, me despedí de todos con un abrazo y noté que faltaba Juanxcore, pero él ya se había ido.
En las rocas cercanas al muelle quedamos Cami, Felipe y yo, mirando el mar con unas latas de cerveza, sin decirnos ninguna palabra, pero vimos gente correr, llamando nuestra atencion.
-Puta la wea.- Dijo Cami
-Chucha! – Agregó Felipe.
Yo no sabía lo que pasaba hasta que miré hacia atrás y un carabinero acompañado de su perro pedía nuestras identificaciones. Yo solo tenía mis llaves y el celular, pero Felipe sacó su billetera y mostró su carnet. Él ya tenía 18 años y dijo al carabinero que éramos sus compañeros de curso y que ya habíamos salido del colegio. El carabinero nos quitó nuestras latas de cerveza, que ya estaban casi vacías, nos habló de una multa, pero nos dió la oportunidad de abandonar la playa para evitarla. Miré la hora, eran las 1:19 de la mañana.
Pasada las 1:30 fuimos al muelle, ya no habían pescadores. Felipe sacó su celular y puso música con volumen muy alto. Recuerdo perfectamente esa primera canción, “Art of Sharing Lovers” de A Static Lullaby. Cantamos todas las canciones que escuchamos, eran clásicos de bandas significativas del genero: Alesana, Silverstein, Comeback Kid, Underoath, BlessTheFall, entre otras. Era un momento muy grato, pero fue interrumpido por el típico llamado de los padres de Cami, ella nos abandonó y nuevamente me quedé solo con Felipe en el muelle. Seguimos hablando, y mientras me contaba anécdotas de sus viajes a Valparaíso yo lo observaba detalladamente. Tenía el pelo negro, los ojos de color oscuro y sombreados, era por pocos centímetros mas alto que yo, vestía una chaqueta blanca, un jeans ajustado negro y converse del mismo color, pero un mensaje en mi celular me distrajo. Era de ------, pero no lo tomé con mucha importancia, ya que él era la única persona con la que no quería hablar en ese momento. Saqué de mi bolsillo mi cajetilla de cigarros, Felipe me pidió uno, y nos invadió el silencio.
Nuestros cigarrillos ya estaban apagados y el vació seguía en el ambiente hasta que recibí otro mensaje. Era ------ otra vez y apague el celular para evitar la molestia que me generaba.
-¿Quién es? – Preguntó Felipe
-Un weon que molesta. – Contesté
Él me sacó el celular del bolsillo y leyó los mensajes. Eso me causó un poco de molestia y quise quitarle mi celular, pero él me lo devolvió sin problemas.
-Catete tu pololito. – Dijo
-¿Es tu pololo cierto? – Agregó riéndose
-No, no es mi pololo. – Le respondí aún molesto
Él comenzó a molestarme, me sentía avergonzado y enojado, le golpeé el brazo con el puño y me alejé de él pero me seguía a donde yo iba. Pensé en dejar de escapar y ver que reacción tendría, se acercó a mí y puso su mano encima de la mía. Mi corazón comenzó a latir aceleradamente por lo inquietante de la situación.
-Disculpa, no seas así, mala onda weon. – Y se hecho a reír.
-Déjate culiao. – Dije molesto y a la vez nervioso.
-Mírame!- Llamando mi atención
Con sus manos agarro mis brazos evitando mi huida. Sentí mucho miedo, solo quería correr pero no podía, él tenía sus manos aferradas a mis brazos, yo, solo contaba con la fuerza de uno solo. Me imaginé lo que probablemente buscaba, pero a esa reacción que supuestamente tendría siempre le fui esquivo. Comenzó a acercarse mas y mas, pero esta vez algo en mí me impidió algún movimiento, y sus labios comenzaron a rozar los míos, sus manos me soltaron y aproveche el momento para salir corriendo. Miré hacia atrás y desde el muelle me observaba, sentí mucho miedo, no sabía que hacer y volví a casa. Tomé mi “tuto” y me puse a pensar y a recordar lo sucedido, pero el sueño me venció y amanecí encima de la cama.
A la noche siguiente volví a la playa, los chicos estaban ahí como lo habíamos acordado, esa noche era de despedidas. Aunque conocí a los chicos hace una noche atrás sentía mucho afecto por ellos, me despedí de todos con un abrazo y noté que faltaba Juanxcore, pero él ya se había ido.
En las rocas cercanas al muelle quedamos Cami, Felipe y yo, mirando el mar con unas latas de cerveza, sin decirnos ninguna palabra, pero vimos gente correr, llamando nuestra atencion.
-Puta la wea.- Dijo Cami
-Chucha! – Agregó Felipe.
Yo no sabía lo que pasaba hasta que miré hacia atrás y un carabinero acompañado de su perro pedía nuestras identificaciones. Yo solo tenía mis llaves y el celular, pero Felipe sacó su billetera y mostró su carnet. Él ya tenía 18 años y dijo al carabinero que éramos sus compañeros de curso y que ya habíamos salido del colegio. El carabinero nos quitó nuestras latas de cerveza, que ya estaban casi vacías, nos habló de una multa, pero nos dió la oportunidad de abandonar la playa para evitarla. Miré la hora, eran las 1:19 de la mañana.
Pasada las 1:30 fuimos al muelle, ya no habían pescadores. Felipe sacó su celular y puso música con volumen muy alto. Recuerdo perfectamente esa primera canción, “Art of Sharing Lovers” de A Static Lullaby. Cantamos todas las canciones que escuchamos, eran clásicos de bandas significativas del genero: Alesana, Silverstein, Comeback Kid, Underoath, BlessTheFall, entre otras. Era un momento muy grato, pero fue interrumpido por el típico llamado de los padres de Cami, ella nos abandonó y nuevamente me quedé solo con Felipe en el muelle. Seguimos hablando, y mientras me contaba anécdotas de sus viajes a Valparaíso yo lo observaba detalladamente. Tenía el pelo negro, los ojos de color oscuro y sombreados, era por pocos centímetros mas alto que yo, vestía una chaqueta blanca, un jeans ajustado negro y converse del mismo color, pero un mensaje en mi celular me distrajo. Era de ------, pero no lo tomé con mucha importancia, ya que él era la única persona con la que no quería hablar en ese momento. Saqué de mi bolsillo mi cajetilla de cigarros, Felipe me pidió uno, y nos invadió el silencio.
Nuestros cigarrillos ya estaban apagados y el vació seguía en el ambiente hasta que recibí otro mensaje. Era ------ otra vez y apague el celular para evitar la molestia que me generaba.
-¿Quién es? – Preguntó Felipe
-Un weon que molesta. – Contesté
Él me sacó el celular del bolsillo y leyó los mensajes. Eso me causó un poco de molestia y quise quitarle mi celular, pero él me lo devolvió sin problemas.
-Catete tu pololito. – Dijo
-¿Es tu pololo cierto? – Agregó riéndose
-No, no es mi pololo. – Le respondí aún molesto
Él comenzó a molestarme, me sentía avergonzado y enojado, le golpeé el brazo con el puño y me alejé de él pero me seguía a donde yo iba. Pensé en dejar de escapar y ver que reacción tendría, se acercó a mí y puso su mano encima de la mía. Mi corazón comenzó a latir aceleradamente por lo inquietante de la situación.
-Disculpa, no seas así, mala onda weon. – Y se hecho a reír.
-Déjate culiao. – Dije molesto y a la vez nervioso.
-Mírame!- Llamando mi atención
Con sus manos agarro mis brazos evitando mi huida. Sentí mucho miedo, solo quería correr pero no podía, él tenía sus manos aferradas a mis brazos, yo, solo contaba con la fuerza de uno solo. Me imaginé lo que probablemente buscaba, pero a esa reacción que supuestamente tendría siempre le fui esquivo. Comenzó a acercarse mas y mas, pero esta vez algo en mí me impidió algún movimiento, y sus labios comenzaron a rozar los míos, sus manos me soltaron y aproveche el momento para salir corriendo. Miré hacia atrás y desde el muelle me observaba, sentí mucho miedo, no sabía que hacer y volví a casa. Tomé mi “tuto” y me puse a pensar y a recordar lo sucedido, pero el sueño me venció y amanecí encima de la cama.
24 de febrero de 2010
Memorias de Verano.
I
Luego de encender mi cigarrillo revisé nuevamente mi bolsillo, tomé mi celular y leí “4 Llamadas perdidas”, “1 Mensaje recibido”, mis padres me han estado buscando. Ya son las 2:50 de la mañana y no quiero volver a casa.
El ruido del oleaje orquestalmente entraba a mis oídos y la suave brisa marina rozaba mi cara, a la vez relajaba mi cuerpo y daba un respiro a mi alma. Mis manos ocultas en la arena me aferraban a la tierra y evitaban cualquier acto inconciente. Con la mirada fija al mar mis ojos se maravillaron del reflejo de la luz de la luna en el mar. Con estos factores entre mis auras puedo decir que estuve tranquilo.
Sentí voces, que estruendosamente rompían cada cristal que protegía “Mi Mundo”. Lentamente se acercan, el nerviosismo y el temor de la situación se apoderaban de mí y me impedían de reacción alguna. Ahí estaba yo… Congelado. Repentinamente volvió la serenidad de la playa, la confianza y el calor volvían a mi mientras volteaba la cabeza y divisaba a pocos metros a un grupo de personas observándome, me sentí intimidado, pero de una dulce voz femenina se escucho: ¡Hola!. Moví mi mano respondiendo a aquel amistoso saludo y con desinterés volví la mirada hacia el mar. “¿Qué pasa amigo?”. Al escuchar estas palabras me llené de alegría al sentir esa amistad que había dejado allá en la ciudad. Esas palabras de aquella mujer me llenaron de confianza, la cual fue suficiente para dar una respuesta clara.
-Es solo que me encuentro perdido en mí mismo y no encuentro salida a ninguno de mis problemas, me siguen a donde quiera que vaya.- Dije tímidamente.
-Sabes, creo que pensamos igual, pero confía en nosotros y cuéntanos, somos todos iguales, podemos ser amigos.- Dijo ella con ánimo.
En ese momento los demás comenzaron a acercarse y a sentarse cerca de mí, formando un círculo en la arena. Ella se sentó a mi lado izquierdo y un chico que llamo mucho mi atención a mi lado derecho. Eran 7 en total, todos vestidos con ropas oscuras, cabellos generalmente oscuros y largos que en la mayoría de los chicos cubrían sus ojos, usaban pantalones ajustados y la mayoría tenía una o más perforaciones. Increíble, me parecía increíble encontrar gente que físicamente era parecida a mí, me sentí bien, lo supe por la tímida sonrisa que tuve ese momento.
-Mira, yo soy la Camila, pero todos me dicen Cami.
-Ella es la Maca, el Fabiin, el Javo, Juanxcore, la Panshi y el Depre.- Dijo nombrándolos en el orden en que estaban sentados.
-Yo soy Sebastián.- Dije.
-Pero todos me dicen Seba.
En un calido ambiente conté mis cosas, algo muy raro en mí, pero sonó mi celular otra vez, era mi padre, pero no quise contestar, eran las 4:13 de la mañana.
Poco a poco los chicos comenzaron a dejarnos, hasta que solo quedamos Cami, Depre y yo. El frió de la madrugada nos obligaba a buscar algún tipo de protección, Depre nos guió hacia una botillería cercana a la playa, bebimos unas cervezas sentados en la cuneta de la calle principal hasta que Cami recibió un llamado y lamentablemente nos abandono.
Fue en ese momento en que Depre y yo comenzamos a conocernos más el uno al otro.
-Oye, ¿Y cómo te llamas? -Nervioso pregunté.
-Felipe.- Respondió
Era la respuesta que menos me esperaba, ese nombre me sigue a todos lados.
A las 5 de la mañana yo ya estaba en casa.
Luego de encender mi cigarrillo revisé nuevamente mi bolsillo, tomé mi celular y leí “4 Llamadas perdidas”, “1 Mensaje recibido”, mis padres me han estado buscando. Ya son las 2:50 de la mañana y no quiero volver a casa.
El ruido del oleaje orquestalmente entraba a mis oídos y la suave brisa marina rozaba mi cara, a la vez relajaba mi cuerpo y daba un respiro a mi alma. Mis manos ocultas en la arena me aferraban a la tierra y evitaban cualquier acto inconciente. Con la mirada fija al mar mis ojos se maravillaron del reflejo de la luz de la luna en el mar. Con estos factores entre mis auras puedo decir que estuve tranquilo.
Sentí voces, que estruendosamente rompían cada cristal que protegía “Mi Mundo”. Lentamente se acercan, el nerviosismo y el temor de la situación se apoderaban de mí y me impedían de reacción alguna. Ahí estaba yo… Congelado. Repentinamente volvió la serenidad de la playa, la confianza y el calor volvían a mi mientras volteaba la cabeza y divisaba a pocos metros a un grupo de personas observándome, me sentí intimidado, pero de una dulce voz femenina se escucho: ¡Hola!. Moví mi mano respondiendo a aquel amistoso saludo y con desinterés volví la mirada hacia el mar. “¿Qué pasa amigo?”. Al escuchar estas palabras me llené de alegría al sentir esa amistad que había dejado allá en la ciudad. Esas palabras de aquella mujer me llenaron de confianza, la cual fue suficiente para dar una respuesta clara.
-Es solo que me encuentro perdido en mí mismo y no encuentro salida a ninguno de mis problemas, me siguen a donde quiera que vaya.- Dije tímidamente.
-Sabes, creo que pensamos igual, pero confía en nosotros y cuéntanos, somos todos iguales, podemos ser amigos.- Dijo ella con ánimo.
En ese momento los demás comenzaron a acercarse y a sentarse cerca de mí, formando un círculo en la arena. Ella se sentó a mi lado izquierdo y un chico que llamo mucho mi atención a mi lado derecho. Eran 7 en total, todos vestidos con ropas oscuras, cabellos generalmente oscuros y largos que en la mayoría de los chicos cubrían sus ojos, usaban pantalones ajustados y la mayoría tenía una o más perforaciones. Increíble, me parecía increíble encontrar gente que físicamente era parecida a mí, me sentí bien, lo supe por la tímida sonrisa que tuve ese momento.
-Mira, yo soy la Camila, pero todos me dicen Cami.
-Ella es la Maca, el Fabiin, el Javo, Juanxcore, la Panshi y el Depre.- Dijo nombrándolos en el orden en que estaban sentados.
-Yo soy Sebastián.- Dije.
-Pero todos me dicen Seba.
En un calido ambiente conté mis cosas, algo muy raro en mí, pero sonó mi celular otra vez, era mi padre, pero no quise contestar, eran las 4:13 de la mañana.
Poco a poco los chicos comenzaron a dejarnos, hasta que solo quedamos Cami, Depre y yo. El frió de la madrugada nos obligaba a buscar algún tipo de protección, Depre nos guió hacia una botillería cercana a la playa, bebimos unas cervezas sentados en la cuneta de la calle principal hasta que Cami recibió un llamado y lamentablemente nos abandono.
Fue en ese momento en que Depre y yo comenzamos a conocernos más el uno al otro.
-Oye, ¿Y cómo te llamas? -Nervioso pregunté.
-Felipe.- Respondió
Era la respuesta que menos me esperaba, ese nombre me sigue a todos lados.
A las 5 de la mañana yo ya estaba en casa.
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